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Mallorca

Una antigua casa de campo

Manteniendo el acento rural de esta construcción mallorquina, sus propietarios han creado un espacio hiperpersonal. En él, procedentes de países y épocas distintas entablan un diálogo que busca ¡y logra! el entendimiento. Pura cordialidad.

Nuevo Estilo 20/08/2013
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Sabor, encanto, carácter..., muchas son las virtudes de esta vivienda, en Mallorca. Imposible elegir solamente una, puesto que todos estos rasgos de su personalidad, tan diferentes entre sí, se funden y entrelazan formando una identidad indivisible. Por un lado, las raíces rurales de la construcción se han respetado en la reforma de manera rotunda, así la arquitectura característica de la isla se muestra en la fachada de mampostería, las vigas vistas de sabina, los detalles en piedra de Benissalem o los arcos de medio punto rebajado. Por otro, los gestos de modernidad, como el pavimento de hormigón pulido, que se adaptan sutilmente a los materiales tradicionales.

Y el mismo espíritu de conexión con la esencia isleña, pero pasado por el tamiz de los gustos personales, lo encontramos en la decoración, en la que se aprecia el bagaje de los propietarios. De origen alemán, han vivido en diferentes países y algunos muebles
les han ido acompañado en sucesivas mudanzas: varios de procedencia portuguesa o francesa, otros adquiridos en anticuarios de Hamburgo... Del mismo modo, su afición por los viajes ha contribuido a potenciar ambientes de singular eclecticismo, en los que se unen con efectiva coherencia detalles de arte tribal, antigüedades chinas o alfombras africanas, piezas que se amalgaman y complementan como si hubieran sido pensadas desde siempre para vivir juntas. Todo ello salpimentado con artesanía mallorquina y elementos cargados de sabor popular, que hacen más singular y ágil la sugerente atmósfera global creada.

IDEAS DEL PROYECTO
Luminosidad intensa. El color blanco baña los interiores por entero, tanto en paredes y techos –muchas de las vigas vistas aparecen encaladas– comoen las tapicerías. Aporta una claridad espectacular y un extra de frescura.
Toques exóticos. Aunque la arquitectura es de un estilo primordialmente mallorquín, la introducción de muebles y detalles orientales, africanos y centroeuropeos añade un especial carisma.
Cuidar el exterior. En el jardín se ha procurado mantener la esencia de la finca, con especies mediterráneas –olivos, naranjos, cipreses chumberas...–, que crean un entorno en el que disfrutar durante todo el año.



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