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Un espacio para el arte

Gracias a una reforma que ha actualizado su distribución, en este apartamento de Santander, la luz, el diseño y las obras de arte son los reyes absolutos. El interiorista José Piris firma el proyecto.

Nuevo Estilo 21/08/2013
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Ambientes amplios, despejados, luminosos y bien comunicados entre sí. Ésos eran los objetivos y estos son los resultados. El interiorista José Piris ideó la reforma de esta vivienda cántabra como un flujo de espacios semiintegrados en los que, ante todo, se buscaba una nueva distribución en consonancia con el mobiliario, de líneas rectas y formas geométricas. El proyecto partía de cero. En un tiempo absolutamente récord —poco más de tres meses—, se derribaron todos los tabiques interiores y se organizó la nueva distribución, con muros estratégicamente retranqueados para acoger el mobiliario de manera óptima.

El salón, que cuenta un área de trabajo, se ubicó en la zona más luminosa de la casa, rodeada por un gran ventanal que recorre el perímetro del edificio.

En esta estancia, y con el objetivo de neutralizar su presencia, los elementos estructurales se aprovecharon para separar los distintos ambientes y disponer las piezas de mobiliario de forma ordenada. Bajo los ventanales se ubican los radiadores, cubiertos por una celosía perimetral realizada en madera de arce, el mismo material utilizado para las puertas y el parqué. La cocina, situada junto al salón, se delimitó con cristales ahumados. De este modo se consigue una continuidad visual y mayor amplitud en un espacio caracterizado por sus dimensiones reducidas. La iluminación, procedente de una ventana en forma de ojo de buey, matiza el tono frío de los revestimientos porcelánicos, diseño de la firma italiana Graniti. En el techo, sobre la ventana, se incluyó una línea de luz oculta. El mobiliario, lacado en blanco e instalado por Moisés, contribuye a agrandar la estancia y aumentar su luminosidad.

El dormitorio, originalmente un espacio diáfano, de forma rectangular y con tres fuentes de luz natural, se ha dividido en dos áreas funcionalmente diferenciadas con la presencia de un armario exento que no llega al techo. De este modo se delimita el área del vestidor a la vez que se mantiene la unidad con la zona de descanso. A ello contribuye la libertad con que fluye la luz entre ambos espacios. Por otro lado, la presencia del armario se utiliza para formar un espacio longitudinal a modo de pasillo en el acceso al dormitorio. Al fondo, un pequeño jardín japonés acristalado aporta frescura y equilibrio al ambiente, dominado por el blanco impoluto de las paredes —que se mantiene en el vestidor— y el calor del parqué, fabricado en madera de arce macizo, procedente de Tilo.

Para potenciar la sensación de amplitud, este pequeño jardín zen, que separa el dormitorio y el cuarto de baño, se delimitó con ayuda de cristales ahumados. Su realización responde a dos objetivos: por una parte, sirve de elemento integrador de ambos espacios y por otra, permite que la luz natural pase al cuarto de baño, que carece de ventanas. El contraste entre el dormitorio y la zona de ducha, revestida con mármol negro, refuerza la presencia del jardín como elemento de transición entre los dos estilos. Por último, el proyecto se culminó dejando todas las paredes libres para dar protagonismo a la nutrida colección de obras de arte contemporáneo de los propietarios.



Tags: apartamento y Arte.
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