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Doble espacio para este ático gallego

El arquitecto Fernando Blanco duplicó la superficie útil de este ático gallego próximo a Orense y potenció su funcionalidad con una puesta en escena donde priman el confort y el diseño actual.

Nuevo Estilo 21/08/2013
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Ganar espacio, independencia y comodidad fue el objetivo principal de la reforma que el arquitecto Fernando Blanco emprendió en este ático ubicado a las afueras de Orense. El interior se había quedado pequeño y su distribución no respondía al estilo de vida actual de los propietarios. La casa estaba delimitada por una terraza perimetral y tenía un único dormitorio, independizado por un tabique que no llegaba al techo. La solución ideada por el arquitecto para optimizar el espacio fue construir un piso superior que albergara el dormitorio principal, un baño y un cuarto infantil.

En la planta baja se situaron los ambientes comunes —salón, comedor y cocina—, que ampliaron sus límites al incorporarles las terrazas circundantes. Una medida que permitió crear un espacioso salón, con el área de tertulia organizada a doble altura. Esto, sin embargo, obligó a reconstruir la escultural chimenea en acero corten que preside la zona. «Tuvimos que prolongar metro y medio el tiro del hogar —explica el propietario— para que se adaptara a la nueva altura». La antigua terraza de la vivienda se ganó también para crear una sala de fumadores que se comunica con el salón por dos aberturas acristaladas en la pared.

La sala de estar se abre al comedor, comunicado con la cocina contigua por una puerta de vidrio, diseñada por el arquitecto con un gran tirador de acero, que potencia más la claridad. Por su parte, el dormitorio de esta planta, el único que había antes, se independizó totalmente para convertirlo en cuarto de invitados. Asimismo, Fernando Blanco sustituyó el techo de madera original de la vivienda por planchas de Pladur que aligeran y unifican el interior. Precisamente para reforzar la estética global del conjunto, el suelo de eucalipto existente, al ser imposible de igualar, se reemplazó por una tarima de madera de iroco tratada con aceite. Este pavimento mimetiza ambas plantas y contrasta con las paredes blancas.

El nuevo piso superior se distribuye a lo largo de un pasillo que da acceso a dos dormitorios —el principal y uno infantil— y a un cuarto de baño. Delimitada por una barandilla en acero y cristal, diseñada también por Fernando Blanco, esta galería se abre visualmente al salón y se ha equipado con una librería de gran tamaño realizada a medida en DM lacado en el mismo tono de la pared y del techo. La puesta en escena llevada a cabo refuerza la sensación de amplitud en el interior con una cuidada estética que conjuga maderas en tonos claros y diseños ultraligeros de líneas rectas. La falta de luz tan habitual en el norte se compensó con estores en fibra de vidrio, que dejan pasar la claridad sin deslumbrar, y visillos blancos de algodón. Los colores neutros y relajantes que dominan las estancias, como el gris y el crudo, realzados con certeros contrastes en blanco y negro, contribuyen a crear una atmósfera relajada que rinde culto a la comodidad.



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