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Toledo, España

Una casa de campo chic en una antigua nave

Fue la antigua nave de tractores de un cortijo toledano. El equipo de interiorismo de Mónica Benjumea la ha habilitado como casa de campo barajando tres conceptos: tradición, recuperación  y reutilización.

Realización: Beatriz Aparicio. Texto: Míriam Alcaire. Fotos: Patricia Gallego 18/03/2019
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Reinventar un espacio. Convertir una nave abandonada dentro de una finca de labranza en una espectacular casa de campo vacacional. Así se resume el antes y el después de esta vivienda cercana a Oropesa (Toledo), cuyo cambio y decoración fueron ejecutados por el estudio Kwanza Interiors, con Mónica Benjumea al frente.

La reforma necesaria no era pequeña: esta parte del cortijo había sido utilizada para guardar ganado y tractores, y se encontraba en pésimas condiciones. Rehacer la cubierta fue el primer paso de un proyecto que tomó como punto de partida los orígenes arquitectónicos de la edificación. La filosofía conservacionista primó, aunque otorgando a los interiores la obligada funcionalidad y actualizando la estética. «Se respetó en lo posible la esencia: el esqueleto y las vigas de madera, las alturas y las grandes superficies», explica la interiorista.

De hecho, la estructura está intacta, solo se añadieron paredes divisorias. El antiguo ladrillo visto se combinó con escayola y se reconstruyeron los techos con materiales nuevos, idénticos a los existentes. Para los suelos se eligió cemento pulido de tono azafrán y en los baños, un revestimiento de barro cocido. Esto también en la cocina, donde se reciclaron aquí las baldosas que pavimentaban un viejo almacén.

El planteamiento decorativo es de marcado sabor rústico-señorial. Predominan mostazas, rojos y verdes, que resaltan poderosamente sobre la base blanca de los muros enyesados. Estos se animan con zócalos pintados en colores y franjas que enmarcan puertas y ventanas. Los muebles son recuperados, de estilos y épocas diferentes, y procedencias variopintas: piezas prestadas en depósito durante tiempo ilimitado, rescatadas de viviendas que se cierran o se venden, encontradas en subastas, anticuarios o mercadillos...  Por último, para reafirmar aún más la atmósfera evocadora, los textiles –linos y terciopelos gastados por los años– transportan a las antiguas fincas agrarias solariegas y añaden un tono personal al interiorismo. El legado rural y la elegancia aristocrática se llevan de maravilla.

Ideas del proyecto

MÓNICA BENJUMEA kwanzainteriors.com  info@kwanzainteriors.com

Piezas de segunda mano. Poco de lo que hay en la casa es comprado o nuevo. Cada mueble, objeto y tela ha sido recuperado y tiene una historia propia que contar.

Los textiles importan. Arropan espacios enormes de altísimos techos: recias cortinas, alfombras de lana, piezas tapizadas. Y en los dormitorios y pasillos, una moqueta de alga natural pone refinamiento, calor y naturalidad.



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