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Una casa que dialoga

Abierta al exterior y a la luz a través de su fachada sur, esta casa cercana a Barcelona integra el paisaje en sus ambientes sin obstáculos ni interferencias.

Nuevo Estilo 21/08/2013
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A pocos kilómetros de la ciudad de Barcelona, en la comarca del Vallés occidental, se encuentra esta vivienda unifamiliar proyectada por el arquitecto Joan Enric Ejarque Velázquez. Una obra estrechamente relacionada, tanto en su forma como en el contenido, con la luz solar y el paisaje. Y es que sus fachadas, la orientación de los cuerpos principales, la elección de los materiales y la disposición de las áreas abiertas que componen su perímetro —el caso de los porches, terrazas y hasta ventanas— responden al objetivo de crear una conexión directa con el exterior. «De ahí que la vivienda esté completamente abierta en la cara sur hacia el jardín, el sol y las vistas, y totalmente cerrada hacia el norte», destaca Ejarque.

La construcción se perfila nítida en el entorno ajardinado, una nitidez interrumpida sólo por un juego original de terrazas y porches. Está integrada por tres cuerpos que se concretan en un gran conjunto. El primero, orientado al sur, va revestido de porcelánico negro y se ha proyectado con la cubierta plana. Es el más abierto y dispone de grandes ventanales y vidrieras. El segundo, concebido en forma de L, coincide en el tejado plano, pero es el más duro y cerrado, ya que se coloca en la cara norte y envuelve la vivienda por su parte trasera. El tercer cuerpo, ubicado en el centro, es una estructura horizontal con la cubierta inclinada a un agua. El arquitecto lo revistió en piedra natural, a juego con los otros dos, pero en un tono mucho más claro para realzar de esta forma el contraste de volúmenes.

El trío de cuerpos se organiza a su vez en tres niveles. La planta baja acoge los ambientes de uso común: recibidor, cocina-office, lavadero, dormitorio de invitados —con un baño que hace las veces de aseo de cortesía—, salón y comedor. Por estas dos últimas estancias la casa se abre a través de dos cristaleras de Climalit hacia el porche y el jardín, que cuenta con una piscina de 24 m2 con forma trapezoidal en la que parece mirarse la casa, y que se extiende a lo largo de la fachada principal, en la cara sur.

Desde la planta de calle arranca la escalera que comunica con los pisos superiores, en los que se hallan las zonas de descanso. En el primero se ubicaron un hall, tres dormitorios dobles con dos baños completos y una biblioteca que cuenta con despacho. Este piso se abre al exterior por una terraza orientada al sur —desde la que se contempla una vista panorámica del jardín y la piscina de la planta baja— que da cuerpo asimismo al porche y aporta la zona de sombra.

En la planta segunda se proyectó el dormitorio principal, equipado con cuarto de baño y una zona de estar que se utiliza también como estudio de trabajo. Esta última altura está delimitada a cada lado por dos terrazas orientadas a norte y sur.Además, la casa tiene tres porches: dos en la planta baja —uno situado frente a la puerta de entrada y otro junto al salón— y un tercero en el sótano, frente al garaje, que tiene capacidad para tres coches y dispone de un trastero-despensa, un dormitorio de servicio, baño con ducha, un distribuidor y la sala de máquinas, ya que la vivienda dispone de ascensor.

En el interior, todo se ha proyectado con el objetivo de lograr un vínculo lo más estrecho posible entre los habitantes de la casa y su entorno. Algo que, como especifica el arquitecto, se vio favorecido desde un principio por el emplazamiento de la parcela: «El solar, de 541 m2, está en una zona en la que hay otras viviendas unifamiliares aisladas. La topografía es totalmente plana, pero con la ventaja de encontrarse ‘levantada’ respecto a las calles que la rodean».

Esta misma idea condicionó el interiorismo, con la elección de materiales que, como el cristal en algunos elementos, el aluminio, la madera clara y el blanco en suelos y paramentos, aportan sensación de amplitud y de libertad de movimientos. El negro de la carpintería y el gris oscuro de revestimientos y mobiliario, junto con el uso de una paleta cromática mínima —blanco como elemento multiplicador de la luz, negro y toques de rojo—, ponen el punto de modernidad, enfatizado por estratégicas pinceladas de color en elementos arquitectónicos —vigas, pared de la cocina— y en complementos como cojines y alfombras.



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