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Cantabria

Casa de campo que busca el sol

En esta casa de campo cántabra se ha logrado una perfecta conexión visual y espacial entre el paisaje y el interior a través de ventanales, balcones y porches. Eso sí, siempre abiertos en la fachada sur para capturar la luz y el calor.

Nuevo Estilo 21/08/2013
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Situada en un paraje natural de Cantabria, esta vivienda unifamiliar la firman los arquitectos Eduardo Ruiz de la Riva y Pablo Flor Morales. La obra está vinculada, en forma y contenido, al paisaje y la luz del sol: tanto la orientación de los cuerpos principales como el diseño de las fachadas, la elección de materiales y calidades, y hasta la configuración de las áreas abiertas que perfilan su perímetro —porches, terrazas y balcones— o la elección del mobiliario interior, se vieron condicionados por esta idea de crear una conexión directa entre la casa y la naturaleza. Incluso la vegetación frondosa que se plantó junto a los muros exteriores cumple un papel en la tarea de lograr relaciones sensoriales entre los habitantes de la vivienda y su entorno. 

La construcción consta de dos volúmenes con cubiertas a un agua: uno alberga todas las dependencias y el otro, el pabellón de la piscina. Un tercer elemento de altura inferior y con el tejado plano, donde se encuentran el garaje y otras estancias auxiliares, se encarga de conectar los dos grandes cuerpos.

La vivienda se ha cerrado al paisaje por la fachada norte, de un solo nivel, ya que únicamente las estancias de servicios tienen esta orientación. En cambio, el resto de ambientes, organizados en dos plantas —la inferior acoge zonas comunes y la superior, dormitorios y una sala de estar—, se abren de lleno a la luz por la fachada sur a través de grandes ventanales. Éstos, a su vez, compensan la pesadez visual del ladrillo y la madera que revisten este muro.

En opinión de los arquitectos y tomando en cuenta tanto los materiales utilizados como la sencilla concepción estructural de la casa, «se podría hablar de una arquitectura rural convencional, sin alardes formales o tecnológicos, aunque con una visión espacial más actualizada, pensada para los nuevos estilos de vida». Estilos que, en definitiva, hablan de comodidad y que, en esta ocasión, se han traducido en amplios y luminosos espacios interiores con un alto nivel de interconexión visual entre ellos.

En cuanto al interior de la vivienda, la madera de castaño es el denominador común de todo su recorrido. Este material, tan característico de la zona, se hace protagonista en todas las estancias cubriendo pavimentos y dando forma a la carpintería y puertas de paso. Su color caramelo aporta, sin duda, la nota de máxima calidez que requiere una casa del norte. Además, esta madera se ha empleado para realizar a medida los muebles, muchos de ellos diseñados por los mismos arquitectos. Otros, no demasiados, fueron adquiridos por la propietaria. En total, un reducido número de piezas de mobiliario que favorece la libre circulación de la luz procedente del exterior.

Por último, hay que destacar el pabellón que alberga la piscina, un edificio alargado, con techos inclinados y rematado por una hilera de puertas acristaladas. El capricho de la vivienda.



Tags: Casa de campo y sol.
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