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La casa de Rafael Amargo

A caballo entre su antigua residencia, un piso del viejo Madrid, y el moderno loft al que está a punto de mudarse, el bailaor nos habla de sus dos grandes pasiones: el trabajo y su gente.

Nuevo Estilo 28/06/2013
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Al hablar de la casa de Rafael Amargo nos encontramos con la contradicción de tener que definir espacios amplios, pero llenos de arte, gente y mucho trabajo. Espacios diáfanos, luminosos, apropiados para sus ensayos y reuniones, pero a la vez íntimos. Espacios diseñados pensando en sus emociones, sus viajes y en los momentos bellos, como el nacimiento reciente de León Bidanshi, su hijo: «Me encanta regalar instantes que puedan quedar en la memoria y el corazón de mi gente, a la que amo y respeto». «Mi gente», dice constantemente y se está refiriendo a los bailarines, a sus amigos y a la familia. Cuando le preguntas cómo se describiría a sí mismo, no duda en responder: «Como un esclavo del amor, de mis amigos y de las emociones, por eso necesito crear y expresarme».
Su trabajo le obliga a viajar mucho, lo que hace de su hogar el refugio perfecto: «Cuando llevo fuera tiempo, me gusta estar en casa con mi mujer y mi hijo, es donde mejor me siento: me concentro para trabajar, aquí son las primeras reuniones y ensayos de un espectáculo... Me gusta vivir la casa y que la vivan los míos». En este momento se encuentra a caballo entre el loft que está montando y su anterior piso en el barrio madrileño de Malasaña. Menciona también la vivienda en obras que tiene en Marrakech para hacer una gran fiesta flamenca «y echarnos unas risas por allí». Y es que cuando piensa en una casa, sala o cuarto, se imagina allí acompañado, riendo, creando, compartiendo todo. De hecho, su nueva residencia tiene estudio de baile y lo primero que ha hecho, antes de poner mesas, camas o sofás, ha sido colocar el suelo apropiado y los espejos en las paredes para poder bailar, montar coreografías y ensayar.
 Estreno tras estreno y con giras permanentes, Amargo se encuentra siempre sumergido en una labor frenética como creador de todos sus espectáculos, director de escena y productor de su compañía. En este momento está preparando, junto a La Fura dels Baus, DQ... pasajero en tránsito, una coreografía contemporánea sobre Don Quijote que integra cine, danza, flamenco y nuevas tecnologías.
 Nos enseña su futura vivienda y el proyecto de decoración que tiene pensado para ella el interiorista Tomas Alía. Todo el universo Amargo destila alegría y una fuerte capacidad para hacer muchas cosas a la vez sin cansarse, al contrario, encontrando en el trabajo una fuente inagotable y contagiosa de energía, fuerza y amor. Más tarde, al trasladarnos a su antiguo piso para continuar la sesión fotográfica es ya imposible hacerlo con él. Así viven Amargo y su esposa, Yolanda, bailarina de su compañía: intentando compaginar la vida cotidiana y los cuidados de León con el ir y venir de una profesión que no tiene horarios. Por ello, lo de una nueva casa con estudio, llena de posibilidades; con la idea incluso de construir allí un teatro alternativo y montar su primera obra como actor, ya que su debut en cine ha llegado de la mano de Vicente Aranda como el sultán de Tirant lo blanc. Sin duda, el estilo Amargo radica en “las artes” de vivir. 



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