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Madrid, España

Visitamos el elegante piso de Elvira González de Aguilar

Refinado, ligero y alegre, el piso urbanita de la decoradora floral Elvira González de Aguilar refleja su pasión por la estética, los espacios abiertos y la luz.

Itziar Ochoa 28/08/2018
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Abogada de formación y con un MBA por el Instituto de Empresa, Elvira dejó su prometedora carrera para montar la tienda Alfabia, que se ha convertido en todo un referente en decoración floral. «Comencé en este proyecto en 1993 junto a mi socia y gran amiga María Maroto, que me animó a crear una tendencia y un estilo en el mundo de las flores que no existían hasta entonces», declara Elvira. «Desde el año 2000 me quedé yo sola. Al principio, tenía un equipo pequeño, pero con el tiempo hemos crecido y hacemos montajes tanto dentro como fuera de España». Viajera incansable, curiosa y emprendedora, compró un piso alto no lejos de su negocio, en pleno barrio madrileño de Chamberí, que reformó completamente poniendo el diseño y la obra en manos de su hermana, la interiorista Paz González de Aguilar.

¿Cuáles han sido las prioridades en la decoración de tu casa?
Básicamente, ampliar los espacios y dar luminosidad. Esta vivienda era oscura y compartimentada en origen, pero Paz tiró todos los tabiques, excepto los muros de carga, para dejarla diáfana y empezar la distribución de cero. Tanto el plano como la organización de los espacios y la decoración del piso fueron obra suya.

¿Qué es lo último que has comprado?
Una vajilla antigua de porcelana de Meissen, en subastas Abalarte. Hace un tiempo me autorregalé unas garzas que adquirí en un viaje que hice a Tánger y luego encontré en una feria en Alemania las peanas que las elevan.

Eres maniática con...
La iluminación. Y me importa mucho la estética en general. Aprecio la belleza en los lugares, los paisajes y las casas. Y, sobre todo, en las puestas en escena. Vivimos una época donde el feísmo está presente en todos los campos, y creo que tenemos que volver a buscar la belleza.

¿De qué artista adquirirías alguna de sus obras?
Me encanta el arte. Compraría pintura expresionista alemana, cuadros de Delaunay –que me apasiona– y también del segoviano Carlos León.

¿Tienes algún paisajista favorito?
Javier Mariátegui, de quien aprovecho para recomendar su precioso libro Gardens for the senses, y Luis González Camino, que además es pariente. De los interioristas me declaro una fan incondicional de mi hermana, Paz, ¡todos sus trabajos son realmente extraordinarios!

¿Qué música suena en tu equipo?
Mucha ópera. Y flamenco, últimamente José Mercé.

¿Eres lectora?
Antes más que ahora, que solo leo en vacaciones, cuando estoy relajada. Tengo entre manos El anticuario de Teherán, de Jorge Dezcallar, donde narra las vivencias y recuerdos de su vida como diplomático.

El último sitio que te ha impresionado...
El restaurante del hotel Le Mirage, en Tánger, que tiene el atardecer más bonito que conozco.  

¿Qué lugares te inspiran para tus trabajos?
Los jardines ingleses, por ejemplo. Pero cuando viajo, y visito una ciudad bonita, un palacio, una iglesia...siempre encuentro algo que me sirve. De Lanzarote, que no conocía, me impresionó mucho su colorido: los grises de la lava solidificada en contraste con unos verdes rabiosos, porque fui en primavera. A la vuelta, todo lo quería hacer en gris y verde. Y la primera vez que fui a la Chelsea Flower Show: de ahí saqué todo mi colorido de morados y malvas. El mar también me recarga mucho las pilas.

¿A quién tendrías como vecino?
Estoy encantada con mis vecinos, la verdad. Pero, en realidad, sería feliz con alguien de mi familia.

¿Qué te mueve en la vida?
Creo que lo más importante es la fe, la gente que nos rodea y el poder disfrutar de las muchas cosas maravillosas que existen. También el reconocimiento de mi trabajo. Eso es gratificante. 

Realización: Mercedes Ruiz-Mateos. Fotos: Pablo Sarabia



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