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Arquitectura rural by Antoni Esteva

El mobiliario, ligero y esquemático, subraya el protagonismo del espacio de esta casa mallorquina proyectada por Antoni Esteva, quien ha reflejado en el interior el sabor rústico y el espíritu sobrio de las construcciones baleares.

Nuevo Estilo 15/07/2016
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El sonido del agua y los aromas que proceden del jardín se conjugan con la fuerte presencia que muestra la fachada de esta vivienda mallorquina proyectada por el arquitecto Antoni Esteva. Situado en el umbral de la casa, un pequeño y bien trazado patio, integrado por una profusa vegetación y algunas fuentes, potencia la sensación de amplitud, luminosidad y sobriedad que se respira en todo el interior.

La unidad de materiales y el indiscutible protagonismo de la arquitectura autóctona balear es una constante en la edificación, que aparece dividida en tres niveles debido a la pendiente del terreno. Los muros de mampostería, mezcla de piedra caliza y mortero de cal, dan forma a la fachada, que se encuentra rodeada por un frondoso conjunto vegetal que logra fundir la recia construcción con la naturaleza y el paisaje circundantes.

La fusión entre el espíritu rural y la modernidad caracteriza los espacios interiores, que, a pesar de conservar como telón de fondo la tradición mallorquina, consiguen tener entidad propia a través de un mobiliario depurado de nueva factura caracterizado por su simplicidad. De esta manera, y en consonancia con la arquitectura mediterránea, los muros y techumbres aparecen blanqueados y ceden todo el protagonismo a la viguería vista de madera de pino norte y a la piedra de marés. Este material poroso y blando, de intensas tonalidades ocres, reviste el suelo de toda la casa, aportando contraste a las paredes blancas, pero, sobre todo, calidez, tanta que, según asegura Antoni Esteva, «nos permite andar descalzos en cualquier época del año». Sin obstáculos, ya que no hay apenas puertas, solamente vanos, los ambientes quedan comunicados por amplios pasos diáfanos.

Situados en un mismo espacio, el recibidor, el comedor, el salón y la cocina constituyen un claro ejemplo de esta continuidad visual, que se ve potenciada por el uso de una misma gama cromática en las tapicerías y por la hilera horizontal de travesaños de madera que decora el techo en estas cuatro estancias. Sin embargo, a través de muretes de obras a media altura, pequeños tramos de escalones o, como sucede entre el comedor y la cocina, mediante un tabique de obra que intencionadamente no llega hasta el techo, cada ambiente logra conservar su propia autonomía. Esta misma filosofía se repite en la zona donde se hallan las dependencias privadas, las cuales, ubicadas en un nivel superior, cuentan con balcones desde donde se observan no sólo el paisaje, sino también los atractivos porches y la zona de la piscina.



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