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Mallorca

Una casa en la sierra de Tramuntana

Piedra a piedra. Detalle a detalle. Esta vivienda que mira a la sierra de Tramuntana recrea la arquitectura tradicional mallorquina gracias a un minucioso proyecto que ha reunido a los mejores artesanos de la isla.

Nuevo Estilo 20/08/2013
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El reto era importante, pero la ilusión por el trabajo que comenzaba, también. Ante sí, las ruinas de una antigua casa payesa en el municipio mallorquín de Sencelles. Y por delante, el empeño por devolver la vida a esas piedras y levantar una nueva vivienda, Cal Rei, a imagen y semejanza de las construcciones rurales de la isla, pero con todo el confort de las casas del s. XXI.

Luis Sánchez-Merlo ha sido el alma indiscutible de este renacer, en el que también han intervenido Emili Sagristá, arquitecto, y Antoni Gomila, aparejador. Seis años duraron las obras, un proceso largo en el que se ha cuidado hasta el más mínimo detalle. Se ha aprovechado la tierra y hasta la última piedra de las ruinas originales para recrear religiosamente la arquitectura popular mallorquina. Pero, al mismo tiempo, se ha dotado a la vivienda de los últimos adelantos tecnológicos en seguridad o sistemas audiovisuales. La casa forma parte de un conjunto de edificaciones. Precedida por un patio o clastra, se distribuye en dos alturas: las zonas comunes en la planta baja, donde un gran vestíbulo da paso al salón, el comedor, la biblioteca y la cocina –con área de lavandería–, y las estancias privadas en la alta: seis habitaciones con vestidor y baño propios. Éstas se organizan en torno a un espacio concebido a modo de las loggias italianas, una estancia que «cose la casa» y en la que confluye la vida familiar.

Todas las dependencias se han proyectado abiertas hacia el exterior, una parcela de 54.000 m2 a los pies de la sierra de Tramuntana en la que se ha realizado una importante labor de jardinería, coordinada por Gabriel Homar y Mustafá Choukri, con especies autóctonas: olivos, cipreses, campos de lavanda... La idea era disfrutar del paisaje y hacer que la luz natural entrara a raudales. «La casa mallorquina –puntualiza Luis Sánchez-Merlo– tiene tendencia a protegerse del sol y nosotros hemos querido abrirla a la luz sin alterar su esencia».

En cuanto a la decoración –con el asesoramiento del interiorista Jaime Vidal–, la elección de los revestimientos, telas, maderas o complementos es un tributo a los artesanos de la zona. Una selección de muebles muy cuidada, muchos de ellos de rastrillos, pone el toque final a unos ambientes con los que se ha recuperado el esplendor de las casas de antaño.

IDEAS DEL PROYECTO
Potenciar la arquitectura. Con recursos ornamentales que realzan los interiores y les dan un carácter más señorial: molduras de escayola pintada en el techo, cercos de piedra en las ventanas, tallas de madera como remate en las puertas...
Un ejercicio de mimetismo. Los colores de la fachada la se funden con el entorno y reproducen, en un encuentro mediterráneo, los tonos de la Toscana y la Provenza. En el interior, los colores neutros crean ambientes sosegados, acordes con ese exterior «camuflado».
Homenaje a lo artesanal. La vuelta a las raíces rige todo el proyecto, donde se han empleado materiales de la zona —procedentes en muchos casos de derribos— y en el que la gran mayoría de las partidas han sido realizadas por artesanos.



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