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Marbella, España

Amor marbellí... La perfecta casa de vacaciones

Esta casa de vacaciones resume la esencia de la localidad malagueña. Su deco busca la comodidad y el relax, pero bien aderezados con un espíritu cosmopolita y chic que el interiorista Agustín Martínez Gil, autor del proyecto, ha sabido captar a la perfección.
 

Miriam Alcaire 13/08/2018
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Por vía materna le viene a la propietaria de esta casa su pasión por Marbella y por la vivienda. La doble herencia incluyó, además, una tercera: la ayuda de Agustín Martínez Gil, el interiorista de confianza de su madre, quien le había encargado una reforma que el decorador continuó cuando la hija quiso acondicionar la residencia para pasar las vacaciones familiares. Las nuevas necesidades requerían espacios despejados y estos se plantearon con un objetivo principal: que destilaran frescura, comodidad y desenfado playero, pero sin olvidar ese aire chic característico de Marbella.

El punto de partida fue unificar el color en paredes y puertas con un crema claro y una pátina de tres tonos –suave, medio y más fuerte– para lograr un especial contraste. Las molduras y techos en blanco mate potencian el acabado de carpinterías y paredes. Además, todos los suelos son de mármol de Macael. Sobre esa base neutra la prioridad decorativa fue integrar una sugerente colección de pintura y fotografía contemporáneas. Las obras de arte realzan un escenario sencillo, equipado con piezas heterogéneas –muebles actuales, de anticuario, clásicos, rústicos...– cuyo denominador común son los materiales naturales: la madera, las fibras vegetales, el algodón y el lino, principalmente.
Y es que el nexo con la naturaleza está muy presente. Entra en la casa a través de los sentidos: por la vista, gracias al fantástico horizonte del que se disfruta; por el olfato, con los aromas a jazmín y dama de noche que se cuelan desde las terrazas; y por el oído, con el sonido de las olas como ininterrumpido fondo musical.

IDEAS DEL INTERIORISTA AGUSTÍN MARTÍNEZ GIL (agustinmartinezgil.com)
- Brochazos vibrantes. Una paleta neutra se enriquece con fogonazos cromáticos en rojo vivo, verde, amarillo, añil... colores que reproducen el agua, los atardeceres, la vegetación, y que quedan plasmados en cojines, estores y complementos.
- Telas frescas. Y sin peso visual. Livianos algodones, piqués y linos tapizan asientos y dan cuerpo a visillos y cortinas. Kilims, dhurries, suzanis... Sus estampados étnicos, geométricos y florales personalizan las estancias –algunas combinan más de un modelo–, añadiendo un acertado punto folk-playero.

Realización: Beatriz Aparicio. Fotos: Pablo Sarabia



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