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La casa reformada

Un caserón rústico de calidad

El continente es soberbio: un cinco veces centenario caserón en pleno campo restaurado con esmero. ¿Y el contenido? Una selección multicultural de piezas que aporta altas dosis de calidez y calidad. La simbiosis -perfecta- es obra del equipo de Azul-Tierra.

Nuevo Estilo 30/10/2018
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Que la paciencia es una gran virtud queda demostrado en ejemplos como este, donde, tras cuatro años de intenso trabajo, un edificio de corte monacal, desvirtuado por múltiples arreglos poco respetuosos, vuelve a mostrar su esencia, ahora convertido en una acogedora casa de vacaciones. Sus propietarios, enamorados de su arquitectura y luminosidad, se han empleado a fondo en una delicada reforma, con un criterio muy definido: mantener la estructura y los elementos originales. La recuperación de la piedra de la pared –cuando esto no ha sido posible, se ha encalado en blanco– la ha llevao a cabo Artemón, una empresa de técnicas de arquitectura monumental y especializada en obras de Patrimonio Nacional, que ha dejado al descubierto los tesoros ocultos bajo capas y capas de cobertura. También se ha respetado la madera del techo. Por contra, todos los elementos nuevos que han tenido que añadirse en la restauración han quedado claramente evidentes.

La distribución se transformó totalmente para adecuar el edificio a su nuevo uso, un lugar para periodos de descanso y fines de semana. En la planta baja se encuentran la cocina y el amplio comedor: este último situado bajo un altillo de nueva construcción, soportado por vigas y columnas de hierro, que acoge el luminoso salón. Entre ambos ambientes a distinta altura una barandilla de vidrio aporta seguridad sin crear una barrera visual. Y en lo que ahora es una tercera planta se ubican los dormitorios.

La decoración, que se basa en los materiales naturales para conseguir una forma de vida cómoda y cálida, se acopla al gusto de los propietarios. La madera y la piedra, tanto en color como en texturas, vuelven a ser el leit motiv. Los muebles, de épocas y procedencias muy diferentes, siguen un hilo conductor que los hace convivir en perfecta armonía, ya sean piezas antiguas –asiáticas, europeas...– o diseñadas por el equipo de interioristas. Igualmente, se buscaba que los tejidos contribuyeran a elevar la imagen de conjunto. Así se ha optado por lino y algodón, en ricos terciopelos para las tapicerías y en ligeras caídas de cortina, además de complementos de piel y numerosas alfombras que, desde modelos históricos a sobrias esteras de esparto, son otra gozosa constante.

IDEAS DEL PROYECTO: Equipo de Azul-Tierra (Tel.: 965 140 230)
- Nuevos usos de piezas antiguas. Esto consigue personalizar el ambiente de un modo inequívoco. Así, como mesa de centro del salón se utiliza una puerta española de s. XVIII sustentada en caballetes de pino viejo. Los pies de las lámparas de mesa son balaustres del s. XIX y el cabecero del dormitorio, el frente de un viejo baúl. Las transformaciones se han realizado en el taller de Azul-Tierra.
- Respeto e innovación: un gran resultado. Se ha actuado con el máximo mimo al recuperar los elementos de la construcción original, a la vez que los nuevos –vigas y columnas de hierro, petos de cristal...– resultan patentes, como ocurre en las restauraciones de edificios históricos.
- Aplicar el sentido práctico. Baldosas de barro y gres en cocina y baños, losetas de piedra pulida en las zonas de paso, tarima de roble en el salón... La comodidad –pero con mucho estilo– ha primado ante todo.



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