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Una casa dentro de otra

La arquitecta Julia Schulz-Dornburg tuvo muy claro que en la antigua masía catalana que iba a rehabilitar para convertirla en su casa conservaría la valiosa arquitectura original. Eso sí, creó un interior completamente nuevo.

Nuevo Estilo 21/08/2013
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Cuando la arquitecta Julia Schulz-Dornburg encontró esta masía, situada estratégicamente en la cima de una colina con vistas a la costa barcelonesa de Montnegre, estaba en ruinas y de la construcción original sólo quedaban los muros exteriores. No obstante, le resultó atractiva y decidió rehabilitarla para convertirla en su futura vivienda. Empezó a idear su casa sobre la base de que nada supera la riqueza cromática de la naturaleza, y se tomó su tiempo para familiarizarse con el entorno y para medir el peso específico que tenía la antigua edificación en su contexto. 

Debido a la precariedad estructural que presentaba la masía, Julia Schulz-Dornburg comprendió que se imponía la necesidad de levantar una vivienda que fuera completamente nueva. Antes de empezar el proyecto, pasó mucho tiempo observando la dinámica natural del paso de las horas y los cambios estacionales en la finca. Tras este estudio, decidió que no podía renunciar a la riqueza y al valor de la arquitectura existente, pues, tras tantas épocas de pervivencia, formaba ya parte del paisaje. En su idea de conservar aquellas ruinas influyó también el valor histórico acumulado en ellas, ya que lo que había empezado siendo un humilde refugio en el siglo XVII llegó a ser, doscientos años más tarde, una masía de cierto interés arquitectónico gracias a las modificaciones y a las mejoras sufridas con el paso del tiempo. Así, Julia planteó un proyecto sumamente respetuoso y muy creativo, que conservaba aquellos muros originales. Éstos albergarían en su interior, como si de una envoltura se tratara, la nueva construcción. La edificación de la vivienda se concibió, por tanto, como un contenido dentro de un continente.

La piel exterior de la masía se completó según las pautas marcadas por el edificio original. Con este criterio, se hicieron algunas incorporaciones, como las celosías de ladrillo, que filtran la luz y disimulan los grandes ventanales nuevos. En el interior, la vivienda tiene un programa, un lenguaje y unas dimensiones contemporáneos, de los que son testigos sus grandes aperturas y sus acabados industriales: los cerramientos acristalados están enmarcados por carpinterías de aluminio anodizado de Technal, y tanto las paredes como los suelos y el techo son de hormigón con un acabado de revoco visto en el que se pueden distinguir varias gamas de tonalidades.

La riqueza de las texturas y los materiales destaca sobre aquellas franjas donde las paredes interiores se retraen para enmarcar los muros originales, o donde la celosía incorporada a la fachada se extiende para velar los amplios huecos abiertos en la nueva construcción. El contraste cromático de los grises del hormigón con la valiente elección de los colores de las piezas del mobiliario y de los complementos resulta muy impactante. Este efecto visual es tan magnífico como el que produce la vista del paisaje, recortado por el contraluz creado por los nuevos huecos del interior. La arquitecta disfruta del resultado que nace de poner cualquier objeto de color atrevido sobre el fondo neutro del hormigón, como, por ejemplo, cuando cuelga una ristra de pimientos en la pared de la cocina, una imagen que impresiona gratamente nuestra mirada. El intercalado de la estética de contrastes del interior con el tratamiento contextual del exterior crea un conjunto moderado y, a la vez, sorprendente.

Desde fuera, la vivienda parece sólida e impermeable, mientras que dentro disfruta de la máxima transparencia y de largas vistas, tanto interiores como exteriores, que cruzan varias habitaciones y el vestíbulo, a doble altura. La sencillez de los muebles y el color valiente de las telas suaviza la austeridad de la arquitectura interior y conecta con la exuberancia de la naturaleza que envuelve la casa y se introduce en ella por los grandes ventanales abiertos en el nuevo muro, ocultos al exterior por las celosías de ladrillo.



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