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París, Francia

Para entrar a soñar

En el corazón del Triángulo de Oro de París, situado en un edificio de 1.880, encontramos un piso con una arquitectura de estilo haussmaniano que ha sido renovado por el interiorista Gerard Faivre. Aquí, el arte, el diseño y el lujo van de la mano.

Texto: Fran Muñoz. Fotos: Mathieu Fiol. 10/01/2017
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El lujo dentro del lujo. Así podríamos describir la vivienda que vamos a visitar. En el centro de la zona más exclusiva de la Ciudad de la Luz (el triángulo que conforman la avenida Montaigne, los Campos Elíseos y la avenida George V), tras una fachada de piedra de un edificio haussmaniano de finales del XIX, se esconde un interior delicado, elegante y rebosante de lujo. El encargado de realizarle una puesta a punto ha sido el interiorista Gerard Faivre, célebre por reformar propiedades de lujo emplazadas en los mejores barrios para poner a la venta y entregar llave en mano.

La inspiración para renovar estos 272 metros cuadrados con vistas al Arco del Triunfo le llegó durante un viaje a Marrakech, contemplando las mashrabiyas, las tradicionales celosías con patrones geométricos que pueblan muchos de los edificios de la ciudad. Podemos ver diseños que recuerdan a ellas en los papeles pintados, las alfombras, los cristales de las puertas, los textiles de las camas o en los cubrerradiadores, obra del propio Faivre.

Otra pieza que despertó sus musas fue la lámpara Melt de Tom Dixon, que ha colocado en el salón principal. «Parece que recrean el incesante movimiento de los planetas. El efecto varía dependiendo de la luz. Cuando están apagadas, son como espejos y encendidas se vuelven transparentes», explica. Esto llevó a Faivre a idear varias paredes cubiertas de espejos que juegan con la visión infinita, con el universo y con añadir una dimensión más al espacio.

La decoración no sigue ningún código concreto. El interiorista ha querido mezclar piezas de estilos y épocas muy diferentes y ha colaborado codo a codo con creadores a la hora de seleccionar las obras de arte. El resultado es elegante y lujoso, una fusión entre la modernidad y el clasicismo. En palabras del propio Faivre: «Es como un territorio extranjero que nos permite soñar».



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