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Madrid

Un piso con alma

La ubicación, su distribución, la solera... Todo en este piso madrileño era perfecto para sus propietarios, quienes, con una decoración en la que modernos diseños dialogan con piezas cargadas de valor sentimental, han conseguido crear atmósferas con alma.

Realización: Beatriz Aparicio. Texto: Ana Isabel Hernández. Fotos: Montse Garriga 30/11/2015
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Lorence Reveillaud lleva veinte años en la misma zona del centro de Madrid. Le gusta su ambiente de barrio y su cercanía a todo. Y, además, le recuerda a su París natal. Por eso, cuando este piso se cruzó en su camino, no se lo pensó. La casa, además, es antigua –un edificio de 1948–, como a ella le gustan. Y otro tanto a su favor: contaba con la superficie y distribución adecuadas, que resolvían las necesidades de toda la familia: el matrimonio –Florence está casada con un DJ que necesita un espacio propio para realizar sus creaciones musicales– y sus tres hijos.

Los cambios que se hicieron fueron mínimos. Se conservaron elementos originales y cada estancia ha mantenido su función primigenia, salvo uno de los dos salones que había, que los nuevos propietarios destinaron a dormitorio principal. Fue el proyecto decorativo el encargado de terminar de convertir la vivienda en uno de esos espacios que transmiten autenticidad nada más entrar por la puerta. La elección del mobiliario ha buscado en todo momento evitar los ambientes recargados. «Me encanta la mezcla de muebles antiguos con otros mucho más design –comenta Florence Reveillaud–, creo que es aquí donde radica el perfecto equilibrio. Una casa que tiene solo antigüedades me ahoga y, en cambio, una vivienda muy moderna, sin ningún contraste de piezas con solera, me parece totalmente impersonal».

También asegura que le gusta reunir muebles que cuenten una historia, que tengan un valor sentimental por haber participado en la vida de la familia. Es el caso del baúl de Louis Vuitton, colocado en su dormitorio porque era el que tenía en su cuarto cuando era pequeña; el trumeau, también en la habitación, vestigio de una lejana aventura empresarial como brocante; o los boles de colores para el desayuno, que ha ido adquiriendo de forma obsesiva en sus viajes a Nueva York: «Cuando compro algo, lo hago porque me encanta, no necesariamente porque lo necesite». La vida es puro arrebato. La decoración con alma, también.

IDEAS DEL PROYECTO
Pequeños cambios. La casa se conservó tal y como estaba. Sólo se pintó, se acuchilló el suelo de madera y se cambiaron las ventanas del salón-comedor y del dormitorio principal por modelos dobles que atenúan el ruido. El resto de ventanas y las puertas son las originales.
Acicate cromático. La decoración está planteada en una gama de tonos suaves que aportan equilibrio. La propietaria decidió avivarlo con efectivos golpes de color: el banco turquesa de la entrada, la butaca fucsia del dormitorio, y el arcoiris de sillas y cuencos en el office.



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