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Madrid

Piso rejuvenecido en oro

En este piso madrileño del siglo XIX, la interiorista Estefanía Carrero restableció la vitalidad de los orígenes de la construcción y, además, dio con la fórmula para rejuvenecer y potenciar su halo de elegancia. La mezcla de muebles y los acabados luxury, como el oro, resultaron un éxito.

Realización: Mercedes Ruiz-Mateos. Texto: Gema Marcos Lamigueiro. Fotos: Pablo Sarabia 12/11/2015
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Una vez más, Estefanía Carrero nos fascina con un nuevo proyecto al que ha dotado de su característico y sofisticado sello. En esta vivienda, situada en un edificio madrileño del siglo XIX, obra del arquitecto Juan de Madrazo, hermano del famoso pintor, la idea principal era «conseguir que el continente recobrara su aspecto inicial de hace más de un siglo. Por ello, mantuvimos los elementos originales de la casa y, al mismo tiempo, restablecimos otros aspectos formales que se habían ido perdiendo con el paso de los diferentes propietarios y sus circunstancias», explica la interiorista. Se recuperó la altura inicial de los techos, se restauraron las carpinterías –y se reprodujeron otras– y hasta se volvió a la distribución primigenia. Luego vino la elección de la paleta cromática para las paredes, en gamas de grises y ocres, con el fin de potenciar la luz natural o bien dar calidez a algunas habitaciones. Además, se optó por una iluminación artificial con intensidad regulada para poner en valor y enfocar los puntos más relevantes. Como broche, la fuerza y vitalidad de los ambientes viene dada por la exquisita lista de muebles seleccionados y los pequeños golpes de color. Diseños de los años cincuenta a los ochenta  –todos rebosantes de carácter– y piezas creadas por Estefanía Carrero con acabados en oro, metal o espejo actualizan los ambientes, suben el grado de refinamiento y se codean con antigüedades, esculturas y colecciones diversas en un fabuloso ejercicio de preciosismo y confort.

Ideas de la interiorista
Estefanía Carrero
(www.estefaniacarrero.com)
Brillos en oro. En dosis bien medidas dan singularidad a las estancias. Esta tonalidad en telas y muebles combina de maravilla con los grises, la madera y los espejos.
Simetría y piezas gemelas: dos recursos infalibles para dar sensación de orden y armonía.
El color en las paredes. Se ha jugado con una paleta de ocres y grises en diferentes intensidades. Así, en las estancias más luminosas se optó por matices suaves para reforzar la claridad; en cambio, en las zonas de la casa que reciben menos luz natural los tonos fuertes logran un efecto ultraacogedor e íntimo que disimula la ausencia de grandes ventanas.



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