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Ampurdán

Una casa con colores pasteles

Una lista de muebles singulares -de ayer y de hoy, de aquí y de allá- potencian el esplendor de esta casa de nueva planta en el Ampurdán, con techos de bovedillas, suelos artesanales y balcones de madera... Como antes, pero mejorada.

Nuevo Estilo 20/08/2013
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Las imágenes que retiene de sus viajes a tierras lejanas, la atracción total por otras culturas o el bagaje creativo que acumula al observar con atención cada espacio que se muestra a su paso son, sin duda, las bases que forjan los proyectos de la decoradora Emma Masana. Posee una natural sensibilidad para la estética y la mejor prueba es esta vivienda de campo situada en el Ampurdán, donde llevó a cabo un íntegro proyecto de interiorismo.
Se trata de una construcción de nueva planta cuyo interior se rige por el estilo tradicional de la zona. Así, nos encontramos con techos de bovedillas, que muestran las vigas de hierro, y suelos de barro artesanal y, en algunos casos, de tarima o hidráulicos. Toda la carpintería, por otro lado, ha sido rescatada de derribos y después pintada en gris verdoso, un color que convence por su aspecto sosegado. Balcones, puertas de cuarterones y hasta contraventanas juegan un papel primordial en el conjunto estético de la casa, junto con otros elementos estructurales, como los rotundos radiadores, de hierro fundido.
Otra singularidad del proyecto es su organización espacial, ya que, además de la casa principal, donde se localizan dormitorios y estancias comunes, existen dos bungalows para invitados situados justo enfrente: «Nos permite una mayor privacidad a la hora de pasar una larga temporada de vacaciones», explica la propietaria. Eso sí, con una decoración que sigue las mismas pautas de la vivienda: maderas pintadas, acabados naturales, espejos y otros elementos rescatados...
Por otro lado, la interiorista demostró su capacidad infinita para mezclar muebles de diferentes estilos y procedencias, logrando al tiempo ambientes serenos y equilibrados. En sus viajes tanto personales como de trabajo rastrea y recolecta auténticos tesoros sumergiéndose en el mundo de brocantes y mercadillos. En el porche, unos espartones comprados en Jaén sombrean este rincón de descanso; en el salón y en los dormitorios, piezas de anticuario conviven con kilims traídos de Marrakech y otras joyas descubiertas en recónditos pueblos de la India. Con todo este mix étnico y de épocas, la casa ha ganado encanto y actualidad, sin perder la esencia ampurdanesa, las referencias a una construcción como las de antes.
IDEAS DE LA INTERIORISTA: Estudio Emma Masana (Tel.: 657 836 688)
Simular un zócalo. Las paredes, pintadas en un suave color arena, llevan un barniz lavable que cubre una altura de entre 1,20 y 1,50 m, dependiendo de la zona. Con este acabado luminoso protegemos la pintura de los roces y otras posibles travesuras infantiles. Haz la prueba.
Cuidar el suelo de barro. Muy típico de las casas del Ampurdán, ofrece una nota rústica inigualable. Para conservarlo y evitar desagradables manchas, ya que es un material poroso, en las zonas de mayor tránsito recibió un tratamiento que incluía un barniz al agua.
Muebles con sello propio. Porque muchas de las piezas que se pueden ver en las estancias –armarios, vitrinas, bañeras...– han recibido un toque personal a través de una nueva capa de pintura, siempre dentro de la gama de grises y verdes, a tono con toda la carpintería.
El hierro como base. Se repite, sin abusar, por todas las estancias, creando un todo homogéneo. Fíjate en las viguetas vistas del techo de bovedillas, tan propio de la comarca del Ampurdán; los radiadores al natural, sin pintar; la perfilería de la puerta de cristal; y hasta las finas barras de las cortinas, obra de Xavier Céspedes.



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