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El sueño del arquitecto

Javier de la Calzada proyectó su propia casa, una vivienda unifamiliar en Madrid que muestra sus gustos personales. Sus señas arquitectónicas responden, además, a un afán cosmopolita, reforzado por el arte contemporáneo y las piezas de diseño clásico.

Nuevo Estilo 21/08/2013
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Jacobsen, Andy Warhol, Le Corbusier, Julian Schnabel e, incluso, el mismísimo Man Ray. ¿Qué tienen en común todos estos nombres archiconocidos? Pues, ni más ni menos, que sus creaciones -las auténticas, algunas de ellas las más famosas- están presentes en esta vivienda unifamiliar situada en una tranquila urbanización de El Encinar de los Reyes, al noreste de Madrid. Y el nexo de unión de todos y, de otros muchos más, es el arquitecto Javier de la Calzada, quien ha ido coleccionando a lo largo de los años sus piezas preferidas del mobiliario clásico contemporáneo y obras de arte tan destacadas como los retratos de Marilyn firmados por Andy Warhol, que compró en los años setenta al galerista Leo Castelli. Por eso, cuando proyectó su propia casa -"un sueño para todo arquitecto"-, lo hizo pensando en acoger sus objetos fetiche: "Idearla ha sido toda una satisfacción. Quería que fuera universal, que pudiera estar en cualquier lugar del mundo". 

Desde los inicios, tenía clarísima la ubicación de los muebles, los cuadros y las esculturas: "Ha sido una obra integral, diseñada a la medida de todo lo que ya poseía, casi no se han comprado otras cosas". Además, para este arquitecto, aficionado a las carreras de automóviles, una de las claves de este proyecto es que constituye un compendio de todas sus preferencias en los campos del diseño, el arte y, por supuesto, la arquitectura. "Mi sello personal es la idea de dejar a la vista los elementos estructurales que considero muy míos, como la prolongación de la cubierta, un voladizo de hormigón que remata una construcción de dos volúmenes". Uno de ellos es un cubo transparente con cristaleras a doble altura que acoge el salón, desde donde la vista se prolonga hacia la piscina y hacia un campo de golf anexo. El otro volumen, más cerrado, se ha destinado a albergar los dormitorios. "Eso sí, quise que las estancias donde se desarrolla la vida diaria estuvieran todas situadas en la misma planta".

Los materiales se reducen a hormigón, acero corten, cristal y wengé, los cuales, aunque parezca paradójico, dan una sensación de calidez máxima. El objetivo fue dar al interiorismo un acabado industrial, inspirado en la estética de los lofts neoyorquinos, por eso, la climatización y parte de la estructura metálica se dejaron a la vista. A esta idea responde también la distribución diáfana del espacio que acoge salón, comedor y cocina. Todos ellos se orientan hacia la fachada acristalada, abierta al paisaje, que contrasta con la opuesta, cerrada respecto a las viviendas colindantes mediante un muro curvado de hormigón que se adapta al cul de sac circular de acceso a la vivienda. El arquitecto ha logrado el mejor contenedor para piezas dignas de un museo.



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