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Cádiz, España

Caja de luz y sombra

La combinación de estos dos elementos es la clave de esta casa proyectada en la costa atlántica de Cádiz por el arquitecto Alberto Campo Baeza. Los espacios, de carácter intemporal, siguen parámetros tradicionales de sencillez y mesura.

Nuevo Estilo 24/07/2019
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La claridad, la intensa claridad de Cádiz es el material principal con el que se levanta esta casa, un espacio diagonal atravesado por la luz». Con estas palabras, el arquitecto Alberto Campo Baeza define esta vivienda unifamiliar levantada en la urbanización Novo Sancti Petri de Chiclana de la Frontera (Cádiz). Su inmaculada fachada —cuyo encalado rinde homenaje a la arquitectura tradicional de la zona— se recorta sobre un telón azul excepcional. «Es el cielo de Cádiz, de una luminosidad tal, que no hay palabras que puedan describirla», afirma Campo Baeza, que en alguna ocasión ha escrito: «Architettura sine luce, nulla architettura est». 

El proyecto debía ser «una casa sencilla y clara, donde vivir a gusto». Dado el sitio en el que se encuentra y la orientación, se decidió crear un espacio diagonal resultante de la conexión de dos volúmenes a doble altura unidos en un nivel común.

El resultado tiene dos aspectos llamativos: en el interior, esa diagonal marcada por la luz que llega desde lo alto del edificio a través de un gran lucernario marca la dirección del sol hacia el sur y «pone en tensión el espacio»; en el exterior, una gran apertura horizontal abre la casa a través de un porche profundo que permite una visión panorámica, enmarcada en la penumbra. En este punto se entiende que Campo Baeza haya llamado a la vivienda «caja de luz y sombra». Desde la calle, ofrece su lado más hermético, como en los los laterales, para ganar en intimidad frente a las residencias vecinas. De cara al exterior se abre un poco elevada, de modo que la piedra caliza del suelo se prolonga desde el interior, sin obstáculos, para desembocar en el paisaje. De esta forma, parece como si la casa levitara sobre el campo de golf que tiene delante. En cuanto a su composición, la vivienda es un cuadrado dividido en cuatro partes iguales: la mitad delantera alberga las áreas comunes —salón, comedor y biblioteca— y la mitad posterior, además de las conexiones verticales, aloja los espacios privados: dormitorios y cuartos de baño. Para el arquitecto, responde a un «orden elemental».

Su intención era que «la construcción fuera sencilla y acabada en blanco, como todas las casas andaluzas. Parece que la casa ha estado en este sitio toda la vida, antes de que llegaran las urbanizaciones. Es en su interior donde se descubre el juego secreto de la luz y la sombra, del espacio y del tiempo. Tan sencillo como preciso». En resumen, inmaculados espacios desnudos de paredes blancas y suelos de cálida piedra caliza, conexiones a base de puertas correderas que dinamizan el movimiento y dobles alturas que elevan el espíritu. Todo un ejercicio de poesía de la mano de Campo Baeza.



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