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Una vivienda adaptada al terreno

La arquitecta María López-Brea ideó su residencia en Madrid como un lugar acogedor y respetuoso con el entorno. Dos años después terminaba esta casa, levantada sobre un desnivel de más de seis metros de altura.

Nuevo Estilo 20/06/2018
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Un buen proyecto de arquitectura no debe limitarse a encadenar un espacio tras otro. Cada elemento debe tener sentido por sí mismo y en conjunto, y ha de adaptarse al entorno y las necesidades de quienes habitan en él. Éso es precisamente lo que María López-Brea, arquitecta y propietaria de esta vivienda madrileña, deseaba y ha conseguido, aunque no fuera una tarea nada fácil.

El principal obstáculo, sin duda, era la parcela que albergaría el proyecto. Se trataba de una pradera regular, bien situada, pero con desniveles de hasta seis metros de altura, difíciles de salvar de una forma convencional. De ahí nació la idea de construir un edificio a diferentes alturas y con planta retranqueada, en el que la luz acabaría por convertirse en protagonista.

La vivienda se organiza en tres plantas y un pequeño torreón. Las condiciones del terreno obligaron a soterrar uno de los pisos, el habilitado como sótano y garaje, y distribuir la planta baja en diferentes niveles, con el salón ubicado en un plano inferior y el comedor y la cocina en una altura más elevada. La dificultad entonces era hacer llegar luz natural a la zona de estar a pesar de su posición más baja. ¿La solución? Una gran cristalera en la esquina exterior del salón y un lucernario entre éste y el comedor que ilumina toda la planta baja.

Por otra parte, el afán de la arquitecta por conseguir ambientes amplios hizo que dejara algunos elementos estructurales al descubierto, como los pilares en la planta baja. Para evitar que el espacio quedara recargado en exceso, se estilizaron sus formas al máximo, con lo que se ganó en superficie. Asimismo, para liberar las estancias de radiadores, se optó por instalar calefacción por el sistema de suelo radiante.

En cuanto a los revestimientos, en el interior se repite constantemente el esquema piedra-madera, con frentes lisos en blanco, crudo y beis, tonos que unidos a la presencia de luz natural en cada rincón de la casa hacen que el conjunto se muestre como un espacio amplio, bien iluminado. Así, los paramentos del salón están acabados, al igual que en el exterior, con mármol travertino, un material sobrio, sólido y de fácil mantenimiento. Para el pavimento, en cambio, se ha elegido piedra Bateig, una modalidad que se repite en toda la planta baja. La excepción son las escaleras que suben al primer piso, en madera, y la cocina, un espacio mucho más funcional donde tanto las paredes como el suelo se han revestido con gres. La novedad en esta estancia es, sin embargo, la presencia de una pared de espejo que aumenta la sensación de amplitud visual y potencia la luminosidad.

La planta superior alberga las dependencias privadas —entre ellas dos terrazas que se abren al exterior por medio de grandes vanos que rompen la fachada—, de ahí que se pavimentara con madera de ipe, un material mucho más cálido y apropiado.

En cuanto al proyecto de decoración, María López-Brea contó con la colaboración de la interiorista María Eugenia Medem, y ella misma diseñó gran parte de las piezas. Juntas consiguieron unos ambientes sobrios y bien definidos, y un estilo depurado.



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