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Piel de madera: la vivienda ideada por Philip Lutz

Sobre un edificio ya existente, Philip Lutz ha levantado una vivienda, la suya, que parece levitar sobre el privilegiado paisaje austríaco en el que se integra. Premiado por su uso de la madera, el arquitecto ha cubierto con ella el exterior y el interior.

Nuevo Estilo 21/08/2013
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En Bregenz, capital del estado austríaco de Vorarlberg, sorprende la colección de arquitectura que ofrecen las laderas de las montañas Pfander, donde villas art déco conviven con futuristas adosados y palacios posmodernistas. Una variedad de estilos que ha hecho única la zona en Europa y que se debe tanto a las liberales reglas urbanísticas locales como a la tradición de su escuela de arquitectura.

En este entorno emerge un llamativo y poco convencional edificio en madera y cristal que el arquitecto Philip Lutz ha construido para él y su familia. Una vivienda que en 2007 recibió el primer premio a la mejor edificación en madera de la región.

Hacía ya tiempo que los Lutz buscaban una localización así y fue en 1986 cuando, por casualidad, encontraron este terreno con impresionantes vistas sobre el lago Constanza. En el lugar había ya una construcción y el primer paso fue tirar por completo el piso superior para edificar un nuevo volumen. El edificio se desdobla así en dos cuerpos: uno se asienta firmemente en el terreno, mientras que el otro se eleva sobre él de forma volada, rompiendo su solidez y aportando dinamismo a la composición.

La otra clave del proyecto fue el cambio de la distribución inicial. El acceso a la vivienda se produce a través de una discreta entrada trasera en la planta baja, que, con una fachada más hermética, recibe la luz natural a través de aperturas puntuales. Es aquí donde se han trasladado, sobre la base de hormigón de la antigua casa, los dormitorios y el resto de estancias privadas —como el taller de Annette Lutz, diseñadora de moda—, organizadas a través de un hall central. De él parte la escalera de madera que se dirige al piso superior, en el que se sitúan ahora las zonas de uso común.

En esta planta, el arquitecto quiso hacer un espacio diáfano y continuo, que englobara, en la mayor superficie posible, el área de estar, el comedor y la cocina. Asimismo, Lutz proyectó este nivel de forma más abierta que el inferior, con unas inmensas ventanas de suelo a techo que permiten disfrutar de las fantásticas vistas sobre el entorno y gozar, además, de una privilegiada luminosidad en un interior que prolonga su espacio a través de una terraza volada que consigue el efecto óptico de una plataforma suspendida. Dado que la planta alta se proyecta más allá de la baja, la losa del forjado se extiende a nivel de sótano para poder distribuir el peso a un área mayor, en una estructura de líneas oblicuas que no da concesiones a los ángulos rectos.

Las fachadas de la casa están cubiertas por miles de pequeñas piezas de madera que crean el efecto de la piel escamada de un pez y dan vida al edificio, garantizando su armonía con el entorno. En el interior, la madera, cuyo aspecto varía a lo largo del día en función de la luz, sigue dominando el espacio en la primera planta al revestir suelo, paredes y techo, incluso en la terraza. La sensación de calidez en este lugar es total. Además, la calefacción radiante generada por un sistema geotermal y el vidrio de las cristaleras, de 35 mm de grosor, ayudan a mantener en este espacio una temperatura confortable durante todo el año.



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