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Jorge Cardarelli

¿Qué ocurre al recibir noticias de un artista desde fuentes muy dispares? Sí, que hay que ir a conocerle. Nos ha pasado con este pintor, fresco y potente. Descubre por qué los que saben se han fijado en él.

Nuevo Estilo 21/08/2013
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En su taller madrileño –un bello hangar en el polígono industrial de San Sebastián de los Reyes– Jorge Cardarelli (San Sebastián, 1971) nos encadena una charla donde se suceden su fervor por las opalinas de Tiffany’s, la amistad con el futbolista Julio Baptista y la devoción por su abuelo Ángel Cabanas, que fue Premio Nacional de Piano y a quien de niño birlaba partituras musicales para hacer sus primeros collages con gouache. También, su impresión ante las cajas metafísicas de Jorge Oteiza. Y la poesía. Este pintor, enamorado del arte, la belleza y la armonía desde la infancia, sigue defendiendo la naturaleza como inspiración.

Además de una elegancia genética, en sus líneas de crédito leemos el Art Institute Chicago –allí se acercó a Frank Lloyd Wright–, y también Sotheby’s y Christie’s en Londres, primer contacto con el pop y el expresionismo abstracto.

Pero esta charla va poco sobre su obra pictórica y mucho sobre su actitud vital. Es culto, verdaderamente culto y, como tal, sencillo: «La codicia mueve al mundo y no me interesa. Mi meta es poder decir que soy feliz, lejos de lo material y cerca de la luz y el color. El color es apasionamiento». Y a este respecto, confiesa pasar por etapas más barrocas y otras más contenidas: «Ahora estoy muy despierto y eso se ve en mis obras. El placer es distracción; el dolor, concentración». Profundamente global –su fascinación por Oriente es manifiesta–, ha llegado a tener tres talleres abiertos, en San Sebastián, Madrid y Estados Unidos. Hoy afirma que «la crisis es necesaria, porque la codicia acaba por destrozar al hombre; hay que prestigiar los valores y el respeto». Sus obras las representa, en Palm Beach, la galerista Sarah Gavlak y en Nueva York, Luz Miriam Toro. ¿En España? Álvaro Alcázar, Espacio Líquido, Marta Cervera, Paula Alonso... «Pero las rutas comerciales –se lamenta– no dejan de ser, pese a necesarias, un mundo vulgar que a mí me agota». Y esa consideración espiritual, aparentemente simple, acaba por salir en sus pinturas. Sólo hay que saber mirarlas.

EN PRIVADO
- Un pintor: Howard Hodgkin.
- Un lugar: Biarritz.
- Una fascinación: La lámpara Dragonfly.
- Una motivación: Oriente.
- Una ambición: La humildad.
- Una pasión: La poesía.
EN PÚBLICO
 Sus obras están en museos como el CAC de Málaga o el Thyssen-Bornemisza de Madrid y en importantes colecciones privadas.    



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